Gisela Cueto: “nadie sobre la tierra ha podido retorcer mi brazo para hacer lo que yo creo que no debo”

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SANTO DOMINGO.-Con una dilatada carrera de 52 años en la función pública, la magistrada Gisela Altagracia Cueto González recibió un reconocimiento por su trayectoria en el “Premio al Mérito” del Ministerio Público celebrado la noche del domingo.

Cueto González inició su carrera de servicio como secretaria en la Tesorería del Ayuntamiento de Luperón, de su natal Puerto Plata, pueblo en donde fue maestra de Quinto y Sexto cursos de Primaria en la  Escuela Primaria Urbana Pedro Alejandrino Pina.

Graduada de Licenciada en Derecho en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) en 1971, trabajó como secretaria auxiliar de  la Cámara de Diputados y encargada, entre 1976 y 1979, de Redacción y Corrección de Proyectos de Leyes. 

Entre agosto de 2004 pasó a la función de Procuradora General Adjunta a cargo del Departamento de Asistencia Jurídica Internacional y Extradición, función que desempeñó hasta 2019, cuando pasó a ser Encargada de la Procuraduría Especializada para la Persecución de Delitos Electorales hasta 2023.

Gisela Cueto ofreció las palabras de agradecimiento en la premiación, celebrada por el Consejo Superior del Ministerio Público en la Sala Principal del Teatro Nacional Eduardo Brito, para reconocer su trayectoria de décadas en la institución, al igual que a  Ana María Luisa Burgos Crisóstomos y Casilda Alida Báez, quienes también  han llegado a la posición de procuradora adjunta. 

En el evento, se reconoció y celebró, asimismo, la trayectoria de los procuradores de corte Jesús María Fernández Vélez, Ramón Mejía, Félix Castillo Nolasco, Rita María Dolores Durán Imbert y Adolfo Martínez, así como las magistradas Luisa Marmolejos y Somnia Vargas Tejada.

A continuación las palabras de la magistrada Gisela Cueto:

Muy buenas tardes, decía yo, pero yo veo que es noche, señora procuradora general de la República y miembros del Ministerio Público aquí presentes.

Muy buenas noches, señores invitados que han tenido la bonhomía de corresponder a la invitación que le hiciera el Consejo del Ministerio Público para estar aquí apoyándonos.

Señores, parece que hemos invertido bien nuestras vidas o somos muy afortunados o ambas cosas; nos homenajean por solo haber hecho lo que debíamos hacer. 

Digo esto, porque, probablemente, ¿cuánta gente mejor que nosotros viven y mueren haciendo el bien sin que nadie les reconozca?

En lo que a nosotros concierne, hago un contraste entre este lugar tan glamoroso y el quehacer del Ministerio Público. 

¿Qué contraste? 

¿Cómo es nuestra vida?, ¿cuánto estrés?, ¿cuánto restar tiempo de calidad a la gente que amamos?, ¿cuánto estrés?,  a veces afectándose nuestra propia salud. Pero, aun así, somos afortunados.

Señores, el trabajo del Ministerio Público exige trabajar sin respetar horarios ni días de fiesta. Nuestros hijos sienten nuestra ausencia, la conexión con nuestros amigos y, como dije hace un momento, suma estrés en detrimento de nuestra propia salud. 

Afrontamos el riesgo con temeridad. Yo no sé si les pasa a ustedes, pero yo no soy una persona arrojada, peleadora, guapa… 

Sin embargo, nadie sobre la tierra ha podido retorcer mi brazo para hacer lo que yo creo que no debo. 

No tenemos nada que dar, servimos. 

Somos servidores del pueblo. Somos un elemento de equilibrio. No tenemos nada que regalar. Entonces, solamente debemos cumplir con nuestra obligación de hacer el bien. 

Hacer el bien, porque hacer el bien implica nuestro trabajo. Es implicativo hacer el bien, incluso a las personas que delinquen, a las personas que violentan la ley. 

Nosotros estamos construyendo una sociedad donde sus hijos tengan holgura para vivir.

Digo yo, el trabajo de un fiscal jamás podrá ser mejor ponderado que por uno de nosotros, alguien que haya estado en nuestros zapatos. 

Lastimosamente, es fácilmente advertible que no se dispensa el trato en igualdad de condiciones a gente que trabaja en el sistema de administración de justicia con menos riesgos, menos estrés, menos esfuerzo, con menos situaciones apremiantes con las que lidiar en el día a día de su quehacer profesional.

Aunque no podemos pecar de injustos, si comparamos lo que era el estado de cosas al inicio de nuestra carrera, que en este momento. Sin embargo, todavía no estamos al nivel que deberíamos. 

Pregúntenle a Casilda (Báez), pregúntenle a Ana Burgos, cómo nosotros teníamos que trabajar con velas en el Palacio de Justicia de Ciudad Nueva; que cuando los presos se revolteaban, había de todo, por todas partes, con mucho calor… muchas exigencias y montones y montones de trabajo. 

Son temas muy controversiales, el tema de la desigualdad, y este día no es para controversias, sino, para alegrarnos, congratularnos y para disfrutar esta tarde glamorosa en la que se nos homenajea por haber hecho lo que debíamos hacer. 

Sería una mezquindad de nuestra parte el no agradecer al Consejo Superior del Ministerio Público la distinción de las que esta tarde nos hace acreedores, solo nos resta instar a los miembros de Carrera, tanto salientes, como los que continúan en el ejercicio, a no cejar en nuestro afán porque la ley se cumpla en su plenitud y a honrar con la dignidad de nuestra vida y de nuestro proceder nuestra insignia, nuestra bandera, nuestro himno para que podamos enarbolarlos con sano orgullo.

¡Muchísimas gracias!

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