
Washington – 17 DIC 2025
Donald Trump en un discurso televisado a la nación, recurrio a las mentiras, medias verdades y exageraciones para afirmar que resolvio los problemas heredados de su antecesor democrata.
“Hace 11 meses, heredé un desastre”, dijo al principio de su discurso en el que insistió en los ataques a su predecesor, Joe Biden, e insistió en algunos de los fetiches bien conocidos de su retórica: del ataque a las personas trans a la supuesta invasión de los peores criminales enviados por países enemigos. “En otras palabras, en poco tiempo, hemos ido de lo peor a lo mejor”, sentenció. “Ahora somos el país más sexy del mundo, me lo dicen todos y cada uno de los líderes extranjeros con los que hablo”.
“Durante los últimos cuatro años, Estados Unidos fue gobernado por políticos que solo luchaban por los intereses de unos pocos, inmigrantes ilegales, delincuentes habituales, lobistas corporativos, prisioneros, terroristas y, sobre todo, naciones extranjeras que se aprovecharon de nosotros a niveles nunca antes vistos”, dijo. “Inundaron nuestras ciudades y pueblos con inmigrantes ilegales. Diezmaron nuestros ahorros, fruto de nuestro arduo trabajo. Adoctrinaron a nuestros hijos con odio hacia Estados Unidos. Y liberaron a un número de delincuentes violentos sin precedentes para que atacaran a las personas inocentes”.
Habló con gesto crispado e impaciente desde la sala destinada en la Casa Blanca.
En noviembre, se celebrarán las cruciales elecciones legislativas de medio mandato, en las que los republicanos podrían perder una o ambas Cámaras en el Capitolio, lo que complicaría sobremanera a Trump la segunda parte de su segunda presidencia.
El discurso llega en los peores momentos de Trump desde el comienzo de su segunda presidencia. Las encuestas no le son favorables, la base de sus fieles MAGA (Make America Great Again) empiezan a perder la paciencia con la atención que el presidente presta a los asuntos de la política internacional.
La dureza de los datos persigue al presidente estadounidense, que fue reelegido, cuatro años después de abandonar la Casa Blanca, fundamentalmente por sus promesas de que sería capaz de arreglar la economía. Trece meses después, sigue empeñado en culpar a su antecesor, Joe Biden, de un problema que hace tiempo que es suyo


